Un mundo por descubrir

Nuestro mundo cada vez es más complejo y en nuestro día a día intervienen muchísimos factores que determinan nuestra forma de vida. Piensa por un instante, si fuéramos un marciano recién aterrizado y no conociéramos absolutamente nada sobre cómo viven y se relacionan los seres humanos, tendríamos grandes problemas en adaptarnos al medio y ser uno más. Solo caminando por una gran urbe podemos ver la cantidad de estímulos que nos llamarían la atención, ¡cuánto por descubrir!

Imaginemos ahora que tienemos un año de edad. Imagínemonos siendo porteados o en la silla de un carrito. Imaginemos que paseamos por la ciudad o por un pueblo, la sensación sería muy parecida a la anterior. Nuestra mente estaría trabajando incansablemente para descubrir el mundo y así poder adaptarnos como hombres y mujeres de nuestro tiempo y de nuestra cultura.

Para ello, necesitaremos construir una de las herramientas más importantes para nuestra adaptación, y consecuentemente para nuestra supervivencia: el lenguaje. Necesitaremos saber cómo comunicar aquello que nos garantiza sobrevivir, y por ello no es de extrañar que nuestras primeras palabras sean papá, mamá, agua, pan, etc.

En los primeros años de vida, el ser humano necesitará de adultos que hagan de puente al mundo, y en concreto en el lenguaje, necesitará personas que le den información sobre el mundo y que generen un feedback en sus primeros intentos en el habla.

En la etapa de 0 a 3 años, las educadoras Montessori nos pasamos el día dando lenguaje a cada intento del niño de conocer e interactuar con el mundo. Por ejemplo, si se acerca a una mesa interesado en tocarla, decimos “estás tocando una mesa” o simplemente “mesa”, a su altura y en voz bajita.

¿Qué imagen de las dos mostrará al peque cómo es realmente el caracol?

Para ayudar a los niños y niñas de estas prontas edades a comprender el mundo, en educación siempre se han utilizado imágenes y recreaciones. Sin embargo, en muchas ocasiones estas imágenes distan mucho de la realidad, ¿quién no ha visto un caracol con sombrero en la pared de una escuela infantil?. Obviamente es atractivo, son colores vivos e imágenes que atraen la atención, pero ¿podrían después conocer el caracol tal y como es, comprendiendo su forma de vida? ¿Podrán reconocer al caracol real, saber donde se encuentran sus ojos, boca, sus distintos colores y tamaños?.

Por lo tanto, es muy comprensible que si queremos acercar la realidad al niño necesitaremos acercarle imágenes reales sobre animales, objetos, momentos acompañados de un vocabulario rico, además de por supuesto disfrutar de innumerables experiencias reales. Las mentes de los niños y niñas son concretas y necesitan de realidad para poder descubrir el mundo.

Sus mentes concretas les permiten ver la realidad por primera vez y asombrarse por la belleza de la naturaleza, la cultura y nuestras costumbres. Se asombran por la belleza de la realidad, como puede ser una hormiga o el sonido de un animal. ¿Qué maravilloso sería volver a ver el mundo así, verdad?

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