¿En qué basamos la educación?

En uno de nuestros posts anteriores hacíamos mención a un concepto poco respetado y reflexionado en educación convencional: las tendencias humanas.

¿En qué nos basamos las educadoras para crear propuestas didácticas o incluso programaciones anuales en infantil, primaria o secundaria? ¿En qué se basa la ley educativa o las editoriales de los libros de texto? ¿En qué basamos nuestras acciones educativas en colegios o academias?

Me encantaría poder decir “nos basamos en la psicología del niño y en la experiencia docente”. Sin embargo, ¿cuán de especialistas son los y las docentes en el campo de la psicología infantil y en qué creencias basamos nuestras experiencias? ¿Quién crea las leyes o libros de texto?

A veces siento que los educadores, no importa con qué edad trabajen, en ocasiones caminan en un mundo incierto, basado en lo que se cree que es bueno. Como un cirujano operando a corazón abierto sin saber de anatomía y sin conocer cómo funciona el cuerpo que tiene delante.

La formación del profesorado suele basarse en didácticas de las áreas de conocimiento, en las carreras de magisterio aprendemos a manejar términos como objetivos, contenidos, metodología, temporalización, evaluación, etc. Nos hacemos expertas en crear unidades didácticas. La psicología del ser humano se estudia a grandes rasgos, y la imagen de cómo somos, de dónde venimos y cómo nos relacionamos es muy vaga.

Sin embargo, conocer la naturaleza del ser humano y su interacción con el medio es esencial para la educación de los niños y niñas. Conocer al ser humano debería ser el foco y cuerpo de los estudios en educación, sin importar si vas a ser educadora en infantil, primaria, secundaria o en la universidad. Estudiar los procesos educativos sin tener en cuenta al ser humano no tiene ningún sentido.

Todo esto se hace evidente cuando vemos la importancia que le damos tanto a la educación como a los docentes en la etapa de infantil. El reconocimiento para un maestro en infantil no es lo mismo que para un doctorado que da clases en la universidad. Así nos lo hace saber la sociedad y el gobierno. Yo misma llevo más de 12 años acompañando a la infancia, pero no fue hasta que empecé a dar clases en la universidad que mis amigos y familiares reconocieron mi labor.

Sin embargo, la vocación real, la fascinación ante el ser humano y el estudio de desvelar los misterios del niño lo he podido observar en educadoras de infantil antes que en educadores de cualquier otra etapa.

Estudiar pedagogía es importante, así como didáctica, pero antes, mucho antes, para crear propuestas educativas coherentes debemos basarnos en la psicología, antropología, filosofía, biología, así como en la neurociencia. ¡Cuánto cambiarían los estudios de magisterio!

Muchas de nosotras que nos iniciamos en la ardua tarea de conocer al ser humano para acompañar a la infancia, a menudo sentimos que nuestra formación siempre es insuficiente porque te das cuenta de que el entramado es enorme.

Para que os hagáis una idea, una educadora que esta acompañando en el proceso de lectoescritura detecta ciertas dificultades, el niño no es capaz de generar los movimientos para poder escribir, y por lo tanto debemos indagar en su historia en relación con el movimiento. La fuerza de sus músculos, la presión, sus ojos, la postura, la integración de los reflejos primarios, su conciencia corporal, todo juega un papel importante, todo está conectado.

Para ello, necesitamos la ayuda de profesionales de la salud para a lo mejor desbloquear lo necesario para que el niño tenga la fuerza necesaria para agarrar un lápiz y controlar sus movimientos, pero en teoría debemos ser nosotras quien detecte y oriente a la familia. De no hacerlo, el niño o la niña creará a partir de ahí su autoconcepto, autoestima, su todo, ese obstáculo se convertirá en parte de él.

Hoy en día, con todo lo que estamos viviendo últimamente, se hace evidente que las instituciones educativas distan mucho de las características humanas, centros masificados donde los niños y sus familias son simplemente números. Qué curioso que algunas de las medidas que están tomando como la mezcla de edades, crear espacios educativos en la naturaleza o ratios más bajos ayuden a cuidarnos “en términos de salud”, y sin embargo, al mismo tiempo son características de pedagogías basadas en el ser humano como Montessori ya que ayudan a la salud mental, física y espiritual, equilibrio necesario para la educación.